Vamos a presentar una breve revisión sobre la función de los alimentos funcionales constituidos por probióticos, prebióticos y simbióticos y el efecto beneficioso que pueden ejercer sobre la salud del individuo.

Dado que no se ha publicado estudios clínicos concluyentes, su uso en la práctica clínica se ha desarrollado de forma considerable. Cada vez se dispone de más evidencia sobre las acciones beneficiosas de su administración, aunque para ello es necesario que las cepas utilizadas sean de suficiente valor estadístico.
El término «microbiota» (microflora, flora) engloba la comunidad de microorganismos vivos pertenecientes a un nicho ecológico determinado.
La microbiota de la piel no es uniforme y, así, en las zonas más secas (antebrazos, dorso de manos, etc.) hay pocos microorganismos. Los pliegues (axilas, ingles, etc.) y regiones sebáceas (cuero cabelludo, espalda, etc.) son zonas más húmedas y allí predominan diferentes tipos de bacterias.

La «microbiota del aparato genitourinario» varía mucho de hombres a mujeres. En los hombres es escasa debido a que la orina lava la uretra regularmente y a que el orificio de salida está muy separado del ano. En las mujeres, la microbiota vaginal varía con la actividad endocrina y aumenta de manera significativa durante el periodo fértil, especialmente en el embarazo.

La «microbiota intestinal» incluye más de 100 billones de bacterias de más de 1.000 especies diferentes. La presencia de la microflora es creciente en cantidad y variedad, empezando en el estómago, donde es escasa, pasando por el intestino delgado, donde aumenta, y finalizando por el colon, donde es máxima.

La flora intestinal se adquiere desde el nacimiento y se desarrolla en función del régimen alimentario del niño hasta los 2 o 3 años, edad en la que se considera que la microbiota está madura y compensada. La lactancia materna constituye el factor más importante en el desarrollo de la microbiota intestinal del niño, ya que la leche materna aporta bacterias de manera continua.

La microbiota también puede originar daños de carácter oportunista y por generación de compuestos carcinógenos.

Existen numerosos factores que pueden alterar la composición de nuestra flora intestinal (disbiosis): trastornos gastrointestinales (diarreas, infecciones, etc.), edad, estrés, estados de inmunosupresión, vacunas, dieta inadecuada y uso de fármacos, siendo los antibióticos el ejemplo más claro de medicamentos que alteran su equilibrio.

Probióticos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define los probióticos como «microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del consumidor».

Es primordial que la cepa elegida sea específica para la acción concreta de salud (no vale cualquier probiótico) y que haya estudios controlados que avalen su eficacia e inocuidad. Las evidencias científicas observadas en un tipo de población no son extrapolables a otra que varíe en edad o en estado fisiológico.

Además, el producto debe aportar la dosis adecuada de microorganismos viables, y es fundamental su estabilidad, siendo imprescindible una cantidad de 10 a la séptima potencia para que el probiótico mantenga su función, ya que si baja a 10 a la sexta potencia es incapaz de ser beneficioso para la salud. También es necesario ingerirlo diariamente, pues hay estudios que demuestran que, si se toma de forma alterna (2-3 días a la semana), su acción es menor o casi imperceptible.

Los probióticos presentan un buen perfil de seguridad, por lo que los efectos adversos no suelen ser habituales.

Están contraindicados en pacientes:

  • Inmunodeprimidos o en tratamiento con inmunosupresores.
  • Con enfermedades autoinmunes.
  • Con diarreas sanguinolentas.
  • Convalecientes de cirugía cardíaca.

En principio, cualquier microorganismo de la microbiota puede ser un probiótico, pero en la práctica la mayoría pertenecen a dos grupos: lactobacilos y bifidobacterias (Bifidus de Sandoz Bienestar) Probablemente esto se debe a que son los únicos que son inocuos en casi cualquier circunstancia.

En cuanto a los productos comerciales, es muy importante mantener la viabilidad. Ésta depende del formato en el que se vayan a administrar las bacterias, ya que, por ejemplo, la vida útil de los productos lácteos probióticos refrigerados es marcadamente más corta que la de los liofilizados que se presentan en cápsulas como el Probiomix de Optim Dose, comprimidos o polvos (Casenbiotic) . En cualquier caso, siempre hay una cierta proporción de bacterias que mueren o resultan dañadas durante el proceso productivo o el almacenamiento del preparado. En la industria, los métodos más empleados para garantizar esta viabilidad son la sobredosificación del producto, para asegurar un nivel óptimo de bacterias al final de la vida del artículo.

Prebióticos

Son sustancias de la dieta que nutren a grupos seleccionados de microorganismos que habitan en el intestino, favoreciendo así el crecimiento de bacterias beneficiosas sobre las nocivas.

Los requisitos que debe tener un prebiótico son:

  • Ser de origen vegetal.
  • No ser hidrolizado en el tracto gastrointestinal superior (ser resistente a la acidez gástrica y a las enzimas digestivas).
  • No absorberse en el intestino delgado.
  • Ser fermentado selectivamente por bacterias beneficiosas de la microbiota en el intestino grueso y facilitar el crecimiento de éstas.
  • Poseer eficacia demostrada para inducir efectos beneficiosos para la salud.
  • Ser osmóticamente activo, aumentando el peso de las heces y la frecuencia de la evacuación intestinal.

Los más importantes son los oligo- y polisacáridos de fructosa(FOS) y de galactosa(GOS). También se emplean compuestos mixtos, como la lactulosa y el lactitiol. Existen otros hidratos de carbono considerados como prebióticos de los que no se dispone evidencia científica. Los polisacáridos de macroalgas están en fases iniciales de estudio.

Los prebióticos estimulan el crecimiento de bacterias fermentativas (bifidobacterias y lactobacilos) en el colon, consiguiendo efectos beneficiosos como es la generación de ácidos grasos de cadena corta. Así se produce un descenso del pH y de esa forma se consigue controlar el desarrollo de microorganismos perjudiciales.

También favorecen la absorción de minerales (calcio, magnesio, hierro y zinc), reducen la presión arterial y los niveles de colesterol (inhiben la HMG-CoA reductasa), de triglicéridos y de fosfolípidos en sangre. Asimismo, los niveles de glucosa disminuyen, ya que la fibra soluble retrasa el vaciado gástrico y parece reducir la resistencia a la insulina.

Por otra parte, poseen efecto protector frente a infecciones intestinales debido al bloqueo de los lugares en los que se adhieren los patógenos o sus toxinas en las células epiteliales del intestino.

Su acción laxante se explica porque reducen el tiempo de tránsito intestinal, y aumentan el volumen del bolo fecal y el número de deposiciones (Verum de Planta Medica) Por supuesto, es importante establecer la ingesta adecuada, ya que si es excesiva pueden provocar efectos secundarios molestos, como flatulencia, retortijones y diarrea.

Para establecer la ingesta adecuada de los prebióticos hay que considerar la microbiota intestinal de cada individuo, ya que el número de bifidobacterias presentes antes de empezar la suplementación es determinante. En personas de edad avanzada el número de bifidobacterias antes de empezar la suplementación es bajo, por lo que la ingesta de 2,5 g/día puede ser suficiente para originar el aumento de ellas.

Simbióticos

Se denomina «simbiótico» a la mezcla de uno o más organismos probióticos con uno o varios compuestos prebióticos.
El objetivo es favorecer la actividad de ambos componentes para potenciar sus propiedades saludables gracias al efecto sinérgico que existe entre ellos.

Esto implica que sólo puede ser simbiótico el producto que demuestra ejercer un efecto beneficioso superior a la suma de los generados por sus integrantes por separado.

Aplicaciones clínicas

Las posibilidades terapéuticas de probióticos y prebióticos son numerosas y diariamente se publican nuevas. Aun así, en todos los casos deben basarse en la evidencia científica probada y específica.

Flora intestinal y probióticos
Sistema inmunitario

Los microrganismos estimulan el sistema inmunitario y también sobre los macrófagos. Además, favorecen la producción de anticuerpos, específicamente de IgA en la luz intestinal, que a su vez inhiben la adhesión de las bacterias patógenas.

Las bacterias lácticas pueden actuar como inmunomoduladoras protegiendo al individuo de las infecciones, promoviendo la producción de Ig y aumentando el número de linfocitos.

Varios estudios han demostrado que las bacterias, fundamentalmente del género Lactobacillus spp., activan la respuesta inmunológica.

Los probióticos en la mujer

La microbiota vaginal y mamaria está formada por microorganismos que conviven en un delicado equilibrio. Su alteración da lugar a infecciones como vaginosis bacteriana, vaginitis candidiásica y mastitis (muy común durante la lactancia).

En el tratamiento de la mastitis, causada básicamente por Staphylococcus spp., se ha comprobado su efectividad para restaurar el equilibrio de la microbiota mamaria y eliminar los síntomas. Además, han mostrado una gran superioridad frente al tratamiento con antibióticos, ya que la mejoría de los síntomas es superior y las recurrencias y los efectos adversos son menos frecuentes.

La aplicación de comprimidos vaginales con L. fermentum y L. plantarum reduce de manera concluyente las recurrencias de vaginosis bacteriana.

Aunque la administración de probióticos (tanto por vía oral como vaginal) ha demostrado una gran eficacia, se observa mayor respuesta por vía oral (Lactobacillus de Sandoz Bienestar). Deben usarse como coadyuvantes a los tratamientos con antibióticos o antifúngicos.

En la vulvovaginitis candidiásica la administración vaginal de L. plantarum ha resultado ventajosa en la prevención de recurrencias como coadyuvante del tratamiento antifúngico.

Probióticos y lactantes

La colonización bacteriana comienza en el momento del parto, cuando el feto entra en contacto con la microbiota intestinal y vaginal de la madre. Además, la leche materna aporta su propia microbiota y oligosacáridos que estimulan el crecimiento de las bacterias. Por todo ello, el perfil microbiano de los lactantes alimentados con leche materna sirve de referencia para desarrollar las fórmulas lácteas infantiles.

También se estudia la posible existencia de una circulación enteromamaria que se intensifica al final del embarazo y durante la lactancia, lo que da la posibilidad de modular la microbiota mamaria mediante la administración de probióticos a la madre.

Los resultados de los ensayos controlados y aleatorizados han demostrado un evidente beneficio de los probióticos en la prevención de las infecciones gastrointestinales agudas en lactantes y niños sanos.

Por otra parte, en cuanto a los prebióticos, se ha destacado que, en concentraciones suficientes y con una relación FOS/GOS adecuada, facilitan la formación de un ecosistema intestinal similar al que genera la leche materna y protegen frente a algunas enfermedades.

La ESPGHAN considera que el uso de probióticos y prebióticos en niños hasta la fecha se ha mostrado inocuo, sin embargo si se apoya el suplemento con productos prebióticos en las fórmulas infantiles de continuación.

Enterocolitis necrotizante
Se han realizado estudios controlados y aleatorizados que demuestran que el tratamiento profiláctico con probióticos reduce el riesgo de enterocolitis necrotizante los días de hospitalización y la mortalidad de los recién nacidos prematuros.

Cólico del lactante

L. reuteri (Reuteri Gotas) y L. rhamnosus pueden mejorar los síntomas de cólicos estimulando la motilidad intestinal y calmando el dolor visceral al ejercer efectos directos en la vía nerviosa, disminuyendo del tiempo de llanto.

Patologías gastrointestinales

Es lógico que un gran número de indicaciones terapéuticas de los productos con probióticos se localicen en el aparato digestivo.

Las revisiones sistemáticas confirman el efecto beneficioso de los probióticos, sobre todo en las gastroenteritis víricas, y son más considerables cuanto más tempranamente se administren.

Diversas cepas de lactobacilos han demostrado su eficacia en estudios realizados en su mayor parte en niños, que atenúan la gravedad de la diarrea disminuyendo el número de deposiciones y reduciendo la duración de ésta.

Actualmente, los principales protocolos de tratamiento en diarrea aguda infecciosa contemplan el uso conjunto de probióticos y soluciones de rehidratación oral.

Diarrea asociada al uso de antibióticos

L. rhamnosus y S. boulardii (Arko-Levura) han demostrado su eficacia en la prevención de la diarrea asociada a antibióticos en niños. En adultos se han utilizado otras especies de probioticos con buenos resultados.

La administración del probiótico debe realizarse al iniciar el tratamiento y no cuando ha comenzado la diarrea, ya que entonces no ofrece beneficios.

Diarrea del viajero

Los prebióticos podrían ejercer un efecto protector, ya que, según un estudio, su ingesta 2 semanas antes del viaje disminuye la duración de la diarrea, así como la gravedad de la sintomatología.

Estreñimiento

En un estudio en lactantes, el empleo de prebióticos (FOS como en FisioFlor de Planta Medica)  se mostró efectivo para aumentar el número de deposiciones y reducir su consistencia, debido al aumento de la capacidad de retención de agua en las heces y al estímulo del crecimiento de bifidobacterias como resultado de su fermentación en el colon.

En adultos suelen usarse los prebióticos para tratar el estreñimiento, pero también los probióticos. Los que se utilizan con mayor frecuencia son determinadas cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium, que actúan reduciendo la consistencia de las heces.

Erradicación de Helicobacter pylori

El uso de distintas especies de lactobacilos junto con el tratamiento antibiótico ha demostrado su utilidad en la eliminación del Helicobacter, reduciendo los efectos colaterales de las terapias antibióticas y mejorando la adherencia de los pacientes.

Enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

También el uso de probióticos es eficaz en la EII, induciendo y manteniendo la remisión en niños y adultos con procesos de colitis leves a moderadas.

En cuanto al uso de prebióticos, la administración de inulina (sola o con probióticos) asociada a mesalazina disminuye los marcadores inflamatorios.

Determinadas cepas de probióticos podrían regular el peso corporal al influir en las funciones neuroendocrinas, inmunitarias y metabólicas. Parece ser que las personas obesas presentan alteraciones en la composición de la microbiota intestinal, en comparación con sus homólogos delgados.

Hasta la fecha, los estudios clínicos con humanos no presentan suficiente evidencia científica para recomendar la utilización de probióticos en el tratamiento de la obesidad.

En cuanto a los prebióticos, también es importante el incremento de la sensación de saciedad que producen las fibras.

Otras patologías

Malabsorción de lactosa

Varios estudios controlados y aleatorizados han confirmado que las cepas S. thermophilus y L. delbrueckii optimizan la digestión de la lactosa y disminuyen los síntomas de la intolerancia a ella.

Cáncer

La simbiosis de FOS más dos cepas de probióticos (lactobacilos y bifidobacterias) en pacientes con riesgo de desarrollar cáncer de colon, apuntan a que puede disminuir la expresión de biomarcadores.

Encefalopatía hepática

Los prebióticos como la lactulosa se emplean habitualmente para la prevención y el tratamiento de esta complicación de la cirrosis. Una preparación simbiótica (cuatro cepas de probióticos y cuatro fibras fermentables que incluían inulina y almidón resistente) durante 30 días logra reducciones significativas en procesos hepáticos agudos.

Prevención de infecciones sistémicas y posquirúrgicas

Existen estudios controlados que reconocen para algunos simbióticos una prevención efectiva de infección bacteriana posquirúrgica. También debe estar controlado el tiempo de tratamiento y no sobrepasar los límites de inocuidad. Se ha comprobado que pacientes con alto riesgo de infecciones, como los sometidos a intervenciones hepatopancreáticas, politraumáticas, etc., se benefician mejor del tratamiento simbiótico que otros pacientes sometidos a otras prácticas quirúrgicas. Como en otros casos, para su aplicación definitiva son necesarios más trabajos de investigación.